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Yo tenía tu cintura
anudada a mi mano
cuando apareciste barca sedentaria y triste
navegando sueños callados de mares y cantabrias
Fueron tus piernas
las que subieron la tierra
las curvas de tus suspiros
las que nutrieron mi abrazo
Ávido de nubes
subí contigo hacia tu boca
recorrí tus labios,
me bebí tu lengua
y emborraché de epitelios
entre las parras y viñedos
latitudes de nostalgias
horizontes de deseos.
Tus dedos y uñas marcaron mi espalda
mis labios, tus pezones y la angustia
nudo y poesías, nuestros cuerpos apretados.
Enlazados, anudados en un grito
volvimos a la salvaje suavidad de la ternura
nos bebimos las lenguas, enhebramos nuestros sexos
presuntuosos de cercanías
y al caer el mediodía, extenuado de pasiones, de vinos y certezas
nos fuimos por el asombro en dirección a los olivos