
1 - Carta a las medidas iniciales
Cuando en el Lavalle de los amplios desiertos
acortamos distancias entrelazando las manos
descubrí qué habitaba en tus dedos largos.
Ellos parecían extrañar primaveras.
Los míos, longitudes de cinturas tiernas.
Imaginé al apretarlos,
otras vidas.
Que antes ya había sido parte de mi sueño
tu silueta suave de mujer pequeña.
Sabrás que en lo pequeño
pondero nada más que la distancia
geográfica y relativa
existente entre un pie y una cabeza.
Solamente una cantidad de tamaño corporal.
De medirse con longitudes y medidas
las verdaderas e importantes geografías
estarían alrededor de tus labios rojos
en las costas de ternura de tus ojos
y en los mares de fuegos
que en múltiples deseos
te navegan en incendios la cintura.
Tu cintura
debo decirlo
esa circunferencia de sensuales geometrías
apenas contenidas por los límites de la ropa
no tiene necesidad de medida alguna.
Ella sola
es capaz de construir sin palabras
las arquitecturas vorágines del fuego.
Sin embargo, tu boca...
¡ah… esa boca de italiana…!
Ella sola,
sólo ella podría hacer conmigo
la más clara y profunda de todas las poesías.